La Complejidad
Desde los años sesenta se comenzó
a utilizar, en particular en los Estados Unidos y en Europa, el discurso de lo
complejo con una acepción tan amplia que condujo a incluir en esta denominación
casi todo lo que se consideraba llamativo y de actualidad. En realidad, aparte
de aceptar que lo complejo es lo conjuntamente entrelazado, no parece fácil
llegar a un consenso final al respecto. Lo único acerca de lo cual existe
certeza es que lo complejo apunta más a una comprensión que a una disciplina,
teoría o nueva religión. Lo anterior, nos permite avanzar que existen
pensadores complejos más no especialistas en lo complejo, es decir existen
personas que formadas en una disciplina se proponen una comprensión compleja.
Los desafíos de la complejidad
nos hacen aparecer bajo apariencias confusas e inciertas, el mundo, los
fenómenos y los eventos,. Así también la expresión “es complejo” ha resultado
sinónimo de confusión y de incertidumbre, mientras que es verdaderamente el
desafío que hay que asumir con el fin de distinguir, vincular y afrontar lo
incierto. El desafío de la complejidad es entonces a mi juicio doble: es
necesario vincular lo que era considerado como separado y al mismo tiempo es
necesario aprender a hacer jugar las certitudes con la incertidumbre.
Precisamente en relación con la incertidumbre
Morín
señala: “El conocimiento es en efecto, navegar en un océano de incertidumbres
sembrado de archipiélagos de certidumbres. Ciertamente nuestra lógica nos es
indispensable para verificar y controlar, pero el pensamiento finalmente opera,
de las transgresiones a esa lógica. La racionalidad no se reduce a la lógica,
sino que esta última se utiliza como un instrumento”. Y agrega un poco más
adelante: “Es necesario pensar en la incertidumbre porque nadie puede prever lo
que pasara mañana o después de mañana. Además, ha resultado fallida para
nosotros, la promesa de un progreso infaliblemente predicho por las leyes de la
historia o por el desarrollo ineluctable de la ciencia y la razón. Nosotros
estamos en una situación donde debemos tomar conciencia trágicamente de las
necesidades de vinculación y de solidaridad, así como de trabajar en la incertidumbre”.
Noción Preliminar de Complejidad
Establecer una diferencia entre
antecesores, pioneros y corrientes de la complejidad, tiene sentido si se asume
que sólo se ha hablado de “conocimiento complejo” y “pensamiento
complejo”, en el pensamiento contemporáneo. Por ello utilizamos la denominación
de “antecesores” para referirnos a aquellos pensadores antiguos que en su época
hicieron planteamientos similares. En contraste, denominamos “pioneros” a
aquellos que permitieron la articulación del conocimiento complejo a partir de
los desarrollos de la ciencia contemporánea, así no hubieran utilizado este
término en sus obras.
Por otra parte, se denomina
“corrientes” a las propuestas que a partir de la década de 1970 se han
presentado en diferentes países, especialmente en Europa y en Estados Unidos,
las cuales utilizan el término de “complejidad” para referirse a una nueva
comprensión en las ciencias.
Sin embargo, la mayoría de los
malentendidos en relación con la complejidad se deben a que dicho término, por
ser llamativo, se ha utilizado indiscriminadamente en varias situaciones
problemáticas dentro de las ciencias contemporáneas. La moda de la complejidad
ha hecho pensar equivocadamente en un discurso muy articulado, cuando realmente
se trata de un discurso muy prometedor, que se encuentra todavía en estado
germinal, con muchos aspectos por resolver.
Para empezar, es preciso aclarar
que, en sentido estricto, todo lo que plantean los distintos autores sobre la
complejidad debe tomarse como adjetivo o como un término que califica un tipo
de realidad, sin presuponer algo llamado “complejidad” en términos sustantivos.
Es más, a lo único a lo que se le aplica adecuadamente el término “complejo” es
a la realidad misma, que siempre desborda los límites de nuestro conocimiento.
A un tipo de conocimiento lo llamamos “complejo”, no por dar cuenta de un
“objeto complejo”, sino por su orientación hacía lo que caracteriza lo
complejo: el azar, la incertidumbre, el holismo, el devenir.
En primer lugar, es importante
considerar que no hay definición del sustantivo “complejidad”. Lo que se define
en todos los ejemplos estudiados es el adjetivo “complejo”. Se identifican
fenómenos, situaciones, comportamientos, procesos, a los que se puede calificar
de complejos, en un sentido que es necesario precisar en cada caso. Se habla de
“algoritmos complejos”, de “comportamientos complejos”, de “estructuras
complejas”, pero en cada una de estas expresiones cambia el sentido de lo que
es complejo. Entonces ¿qué es la complejidad?.
Siguiendo
a NAVARRO (1996: 3), es cierto que la complejidad que observamos en el mundo
real es resultado de la acción de mecanismos que pueden describirse por medio
de teorías formales. Pero ninguna de esas teorías, por sí misma, puede dar
cuenta del hecho de la complejidad, que es siempre un hecho concreto,
específico de cada tipo de realidad. Las concepciones formales de la
complejidad cumplen una función útil siempre que se les asigne un papel
instrumental, no sustantivo. El hecho mismo de la complejidad hay que situarlo
en lo que los escolásticos llamaban la haecceidad –la singularidad concreta– de
cada realidad.
La complejidad se puede entender
en dos sentidos: uno psicológico, como la incapacidad de comprensión de un
objeto que nos desborda intelectualmente. Y uno epistemológico, como una
relación de comprensión con algo que nos desborda (un objeto o una construcción
mental), pero de lo que, a pesar de todo, podemos tener una comprensión parcial
y transitoria. Es decir, en el primer sentido se dice que algo es complejo
porque no lo podemos comprender o porque es complicado o confuso. En el segundo
sentido se dice que algo es complejo porque tenemos una comprensión distinta,
que no podemos reducir o simplificar a una comprensión simple.
Lo complejo también se explica, a
partir del propio término: complexus, como “lo que está tejido en conjunto”, o
lo conjuntamente entrelazado. Ello supone que lo complejo es lo compuesto, pero
donde los componentes son irreductibles uno al otro, a diferencia de lo simple,
que trata de reducir toda composición. Ello hace referencia al clásico problema
filosófico de la unidad y la multiplicidad de lo real. Lo complejo parece
afirmar la unidad de principios constituyentes en medio de la multiplicidad, o
la unitas multiplex.
La complejidad también es
sinónimo de riqueza de pensamiento. Un pensamiento que asume, a la vez,
principios antagónicos, concurrentes y complementarios. E incorpora tanto el orden como la
incerti-dumbre, lo aleatorio y lo eventual.
Lo complejo asume los aspectos
del desorden y del devenir como categorías que juegan un papel constructivo y
generativo en la realidad y en el conocimiento. Estos aspectos aparecen en el
conocimiento no sólo como explicaciones sino también como principios
explicativos. O no simplemente como algo que se explica, sino como algo a
partir de lo cual se explica o que sirve para explicar otras cosas.
Desde la antigüedad, algunos
autores han intentado pensar y asumir las distintas riquezas que se manifiestan
a partir de la experiencia sensible inmediata, pero sin poder evitar una
posición escéptica o irracional. Hasta hace poco era muy dudosa la posibilidad
de pensar el desorden, lo aleatorio, la incertidumbre, el devenir. Menos aún,
que éstos sirvieran como principios explicativos. Tampoco existía una clara
diferencia entre el concepto de organización y los de estructura y mecanismo.
Desde la época de Platón, quienes
hablaban de cosas como el origen de todo a partir del caos, o del papel
constructivo del desorden, eran calificados de ignorantes e insensatos. Y en el
pensamiento occidental, hasta nuestros días, el hecho de asumir el desorden y
el devenir como principios explicativos implicaba dejarse llevar por las
falacias del pensamiento.
Sin embargo, todo esto parece
haber cambiado con los aportes de la ciencia contemporánea, que ha permitido
pensar esas distintas riquezas, a partir del concepto de organización. Los
pensadores contemporáneos parecen haber aportado las herramientas
lógico-matemáticas, empíricas, filosóficas y epistemológicas para legitimar un
pensamiento de esa índole dentro del campo de la ciencia (nuevas álgebras y
geometrías, explicaciones termodinámicas, explicaciones sistémicas y
cibernéticas, etc.). Con esas nuevas herramientas han aparecido, en las
ciencias naturales, algunas manifestaciones de esta crucial y nueva situación,
en donde se les da un papel constructivo y explicativo al orden y al desorden a
partir de la organización.
En general, todo ello permite el desarrollo de las
teorías de la complejidad, las cuales, ofrecen cierta novedad. Sin embargo,
aunque retornen a los mismos problemas
de la antigüedad, operan con nuevas herramientas teóricas y proponen otras
explicaciones. Así, por primera vez en la historia de Occidente, se pueden
pensar, por ejemplo, el devenir y la incertidumbre, en términos reconocidos
como científicos.
Lo que hoy día se entiende como
teoría de la complejidad, se deriva de los desarrollos de la sistémica, de la
cibernética y de la teoría de la información. Pero no se confunde con esos desarrollos,
porque la complejidad apareció como concepto sólo cuando esos desarrollos
permitieron entender el papel constructivo, negantrópico, del desorden, de la
incertidumbre, de lo aleatorio y del evento. La complejidad tiene que ver con
la aparición del cambio, del devenir, la constitución de nuevos órdenes, donde
el mismo devenir se convierte en principio constitutivo y explicativo.
En general, el conocimiento
complejo tiene más un carácter de “comprensión”, soportado y justificado por
algunas explicaciones de las ciencias naturales, pero no se agota en la
relación de unas pocas variables, sino que siempre supone “algo más”. Es una
comprensión a la que no se llega, sino hacia la cual el pensamiento se orienta.
La búsqueda y los planteamientos de la complejidad funcionan como ideas
regulativas, es decir, como ideas que orientan una actividad, pero que nunca se
alcanzan por completo. Resulta inapropiado hablar de “teoría” compleja, o del
conocimiento complejo como una “disciplina”, a no ser que se tenga en cuenta
siempre su necesaria incompletitud.En síntesis, la complejidad es un modo de
pensamiento que vincula tanto el orden, lo universal y lo regular, como el
desorden, lo particular y el devenir.
La Complejidad en el Pensamiento
de Edgar Morín
Algunos de los presupuestos de la
complejidad en MORIN, compartidos por los otros autores como Mauro Ceruti y Jean Louis Le Moigne, son:
Lo único sustantivamente complejo
es la realidad misma, que desborda el pensamiento y de la cual no podemos tener
ningún conocimiento directo, sino fenoménico. Propone un “método”, como camino
articulador o de autoconstrucción de conocimiento hacia el “pensamiento
complejo”. Una autoorganización de conocimiento que vincule lo desvinculado,
llamada “pensamiento complejo” no porque realmente sea compleja, sino porque
está orientada hacia lo complejo y nunca lo intenta reducir. O en otras
palabras “un anti-método en el que la ignorancia, la incertidumbre, y la
confusión se conviertan en virtudes”, en signos precursores de la complejidad
(MORIN 1983: 29).
La comprensión apropiada de
complejidad no debe orientarse hacia la reducción de lo complejo a lo simple,
ni hacia la reducción a la totalidad o a un holismo. La comprensión adecuada es
la comprensión que articula lo desarticulado, sin desconocer a la vez las
distinciones. Es la comprensión que sostiene la concurrencia, el antagonismo y
la complementariedad de los contrarios, pero no necesariamente al mismo tiempo.
No hay jerarquía de cosas
complejas y cosas simples. Desde una perspectiva diacrónica hay una jerarquía
de sistemas más o menos complejos. Pero desde una perspectiva sincrónica no
existe tal jerarquía: todo puede entenderse como complejo.
El conocimiento
simplificacionista es útil sólo como recurso de contraste, porque se funda
sobre una ignorancia epistemológica. Es decir, para poder conocer de forma
simple se necesitaría separar sujeto de objeto y no alterar lo observado, pero
al conocer alteramos lo conocido e introducimos un nuevo curso de interacciones
en lo conocido. Aquí la complejidad no es el triunfo sutil de la
simplificación, ni la simplicidad al revés, ni la eliminación de la
simplicidad. Es la unión dialógica de la simplificación y la complejización. A diferencia del pensamiento simplificante,
el pensamiento complejo debe contener, por principio, su propio antagonista. El
pensamiento complejo debe luchar contra la simplificación, utilizándola
necesariamente como contraste.
La complejidad es ante todo una
noción lógica, epistemológica y política, antes que cuantitativa. No se rechaza
la comprensión matemática de la realidad, pero se asume desde presupuestos
epistemológicos distintos. Una interesante exploración de la comprensión
matemática de lo complejo desde nuevos presupuestos epistemológicos, la
hace la escuela del sociólogo español
Jesús Ibáñez.
Morín utiliza los aportes de la
mecánica cuántica (principio de incertidumbre de Heisemberg), las implicaciones
del teorema de GÖDEL, las demostraciones lógicas de Spencer-Brown, las nuevas
lógicas y matemáticas, la sociobiología y otros avances de la ciencia
contemporánea, pero los asume, a radicalidad, en sus aspectos reveladores.
Desde el problema del segundo
orden y desde los presupuestos anteriores puede decirse que no se trata aquí de
condensar esta tendencia de complejidad en unas cuantas palabras, frases o
principios, porque precisamente se trata de un pensamiento donde no se pretende
hacer eso. Se trata de un pensamiento donde no se puede ser espectador, sino actor
que piensa co-constructivamente.
En palabras de Morín, lo más
adecuado para introducirse en el pensamiento complejo es el siguiente consejo:
“si quieres saber qué es el pensamiento complejo, empieza complejizando tu
pensamiento”.
Conclusiones
Según Morín, el pensamiento
complejo se desarrolla a condición de un autoconocimiento. De este modo
modifica la frase Socrática: “Conócete a ti mismo conociéndote”. Uno de los
principales problemas en el modo como se interpreta la obra de Morín es verla
como un discurso ecléctico, un discurso
que pretende ser completo, la gran
síntesis de nuestro tiempo, la negación de la simplicidad, un discurso sobre la
complicación.
La lectura que hacemos de la
complejidad de MORIN es más bien la de un discurso general que se sitúa en el
nivel paradigmático. MORIN trabaja por
un paradigma de complejidad que no existe como tal, sino que se está
construyendo, el cual propone reconocer lo paradigmático de la complejidad. De
este modo, su obra abre caminos, inicia y vislumbra recorridos. Es equivocado
buscar en él un pensamiento consolidado. MORIN articula caminos posibles, pero
aún poco transitados, que parecerían imposibles.
El pensamiento complejo puede
entenderse, entonces, como la disposición de apertura ante la crisis del paradigma
de la simplificación y la reducción, que eventualmente podría convertirse en un
nuevo paradigma, pero que no pretende autopredicarse como el nuevo paradigma
alternativo.
Referencias Consultadas
Reynoso, C. (2009). Modelos o
metáforas. Crítica del paradigma de la complejidad de Edgar Morín. Buenos
Aires: SB.
Morín, E. (1990). Introducción al
Pensamiento Complejo. España: Gedisa Editorial.
Morín, E. (1999). La Cabeza Bien
Puesta: Repensar la reforma, reformar el pensamiento. Argentina: Ediciones Nueva
Visión.
Morín, E. (1983). El método II:
La vida de la vida. Cátedra. Madrid.
Motta, R. (2002). Complejidad,
educación y transdisciplinariedad. Polis, Revista Académica de la Universidad
Bolivariana de Chile. Vol. 1, No. 003.
Navarro, P. (1996). El fenómeno
de la complejidad social humana. Curso de doctorado interdisciplinar en
sistemas complejos. Universidad de Oviedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario